¿Qué celebramos el domingo de Resurrección?

   "Al tercer día resucitó", en esta piedra angular se basa la fe cristiana. El Señor de la vida había muerto, pero ahora vive y triunfa.

   El Domingo de Pascua es el día en el cual Jesús salió de su sepulcro. Este hecho es fundamental para el cristianismo. La historia cuenta que en cuanto se hace de día, tres mujeres van al sepulcro donde Jesús estaba enterrado y ven que no está su cuerpo. Un Ángel les dice que ha resucitado. Van corriendo donde está la Virgen con los Apóstoles y les dan la gran noticia: ¡Ha resucitado! Pedro y Juan corren al sepulcro y ven las vendas en el suelo. El desconsuelo que tenían, ayer, se transforma en una inmensa alegría. Y rápidamente lo transmiten a los demás Apóstoles y discípulos. Y todos permanecen con la Virgen esperando el momento de volver a encontrarse con el Señor.

   Éste es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.

   En la Resurrección la vocación cristiana descubre su misión: acercarla a todos los hombres.

   El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal. Por esta razón los cristianos con gran júbilo celebran este día la Misa Pascual del Domingo de Resurrección.

   ¿Cómo se celebra el domingo de Pascua?

   Se celebra con una Misa solemne en la cual se enciende el cirio pascual, que simboliza a Cristo resucitado, luz de todas las gentes.
En algunos lugares, muy de mañana, se lleva a cabo una procesión que se llama “del encuentro”. En ésta, un grupo de personas llevan la imagen de la Virgen y se encuentran con otro grupo de personas que llevan la imagen de Jesús resucitado, como símbolo de la alegría de ver vivo al Señor.

   En algunos países se acostumbra celebrar la alegría de la Resurrección escondiendo dulces en los jardines para que los niños pequeños los encuentren, con base en la leyenda del “conejo de pascua”.

   La costumbre más extendida alrededor del mundo, para celebrar la Pascua, es la regalar huevos de dulce o chocolate a los niños y a los amigos.

   A veces, ambas tradiciones se combinan y así, el buscar los huevitos escondidos simboliza la búsqueda de todo cristiano de Cristo resucitado.

   La tradición de los “huevos de Pascua”

   El origen de esta costumbre viene de los antiguos egipcios, quienes acostumbraban regalarse en ocasiones especiales, huevos decorados por ellos mismos. Los decoraban con pinturas que sacaban de las plantas y el mejor regalo era el huevo que estuviera mejor pintado. Ellos los ponían como adornos en sus casas.

   Cuando Jesús se fue al cielo después de resucitar, los primeros cristianos fijaron una época del año, la Cuaresma, cuarenta días antes de la fiesta de Pascua, en la que todos los cristianos debían hacer sacrificios para limpiar su alma. Uno de estos sacrificios era no comer huevo durante la Cuaresma. Entonces, el día de Pascua, salían de sus casas con canastas de huevos para regalar a los demás cristianos. Todos se ponían muy contentos, pues con los huevos recordaban que estaban festejando la Pascua, la Resurrección de Jesús.

   Uno de estos primeros cristianos se acordó un día de Pascua de lo que hacían los egipcios y se le ocurrió pintar los huevos que iba a regalar. A los demás cristianos les encantó la idea y la imitaron. Desde entonces, se regalan huevos de colores en Pascua para recordar que Jesús resucitó.
Poco a poco, otros cristianos tuvieron nuevas ideas, como hacer huevos de chocolate y de dulce para regalar en Pascua. Son esos los que regalamos hoy en día.

 

   ¿De dónde viene lo del “conejo de Pascua”?


   Su origen se remonta a las fiestas anglosajonas pre-cristianas, cuando el conejo era el símbolo de la fertilidad asociado a la diosa Eastre, a quien se le dedicaba el mes de abril. Progresivamente, se fue incluyendo la imagen del conejo a la Semana Santa y, a partir del siglo XIX, se empezaron a fabricar en Alemania conejos y huevos de chocolate y azúcar para regalar en la Pascua.

   Los alemanes, para justificar "cristianamente" la mezcla de símbolos paganos y cristianos, inventaron una muy curiosa leyenda, cuento o fábula, que se ha ido transmitiendo de generación en generación y que dice así:

   Había una vez un conejo que vivía en el sepulcro que pertenecía a José de Arimatea donde depositaron el cuerpo de Jesús después de su muerte en la cruz.
El conejo estaba presente cuando lo sepultaron y vio cómo la gente lloraba y estaba triste porque Jesús había muerto.
Cuando pusieron la piedra que cerró la entrada, el conejo se quedó ahí mirando el cuerpo de Jesús y preguntándose quién sería ese Señor a quien querían tanto todas las personas. Pasó todo un día y toda una noche mirándolo, cuando de pronto Jesús se levantó y dobló las sábanas con las que lo habían envuelto. Un ángel quitó la piedra que tapaba la entrada y Jesús salió de la cueva ¡más vivo que nunca! El conejo entonces comprendió que Jesús era el Hijo de Dios y se sintió obligado a avisar al mundo y a todas las personas que lloraban que ya no tenían que estar tristes, pues Jesús no estaba muerto, sino que había resucitado. Como los conejos no pueden hablar, se le ocurrió que si les llevaba un huevo, símbolo de la vida, los hombres entenderían el mensaje de resurrección y alegría. Desde entonces el conejo sale cada Domingo de Pascua a dejar huevos de colores en todas las casas para recordarle al mundo que Jesús resucitó y hay que vivir alegres.

   Algunas ideas para vivir el Tiempo Pascual en Familia:


   ¿Cómo celebramos en familia cualquier fiesta importante? El cumpleaños de nuestros hijos, nuestros aniversarios, un casamiento...

   ¿Por qué no invertimos el mismo tiempo, dedicación y recursos para celebrar la gran fiesta de la Pascua? ¿Por qué contentarnos solo con repartir huevitos de Pascua?

   A ver abuelas y madres.... ¡A preparar la fiesta de la Pascua en familia !!! Para que realmente, todos los signos y gestos durante los 8 días de la Pascua, sean signos de fiesta, que ayuden a todos a comprender el misterio profundo que celebramos !!!

   El cirio Pascual de la familia: Una vela grande, más grande que lo común. La decoramos con papelitos de colores, corazones que representen a cada uno de los miembros de la familia. Le ponemos una cruz en el centro. Y en cada uno de los lados de la cruz, el número que representa el año.
Arriba de la cruz la letra Alfa y por debajo de la cruz la letra Omega. Este cirio lo encendemos la noche de la Pascua, y puede acompañar nuestra mesa familiar a lo largo de toda la octava de Pascua.

   Signos de fiesta: Globos, guirnaldas, carteles en la puerta de casa, letreros, etc.

   La mesa familiar: Durante 8 días se viste de fiesta. Con las mejores cosas, las que ponemos para cuando vienen invitados importantes: manteles, flores, copas...

   Huevitos de Pascua: No hace falta "indigestar" a nuestros niños el Domingo de Pascua. La Pascua dura 8 días, y sería muy lindo poder comer algo bien rico en cada una de las comidas de esos días: Huevos de chocolate, postres especiales, golosinas, etc.. Nuestros hijos saben que cuando hay fiesta hay cosas ricas en la mesa. Seamos creativos en preparar algo rico para cada día de esta fiesta!

   Saludos y bendiciones: Para cada día, podemos preparar tarjetitas, con algún saludo o bendición especial para cada uno. Las ponemos en la canasta del cirio Pascual, o en el plato de cada uno. Pueden ser deseos, o textos cortos de los evangelios de la resurrección. También pueden ser intenciones, deseos o propósitos a cumplir en este tiempo Pascual.

   Gesto solidario: Aprovechemos este tiempo de Pascua para pensar en familia algún gesto solidario que podamos hacer en favor de los más necesitados, de Caritas Parroquial, o de algún vecino o miembro de la familia que está necesitando nuestra ayuda. La Pascua siempre nos pone en camino hacia el hermano, y es bueno que podamos concretar este festejo con un gesto de solidaridad.

   Reunión familiar: Sería buenísimo que dentro de la octava de Pascua, nos tomemos un tiempo para reunirnos en una Asamblea Familiar y reflexionar juntos sobre la vida que compartimos.

   A modo de sugerencia les proponemos esta dinámica:

   1. ¿Qué es lo que más me gusta de la vida? ¿Qué cosas dan sentido a mi vida?


   2. ¿Qué es lo que más me está costando de mi vida de hoy? ¿Qué es lo que me hace sufrir o doler?


   3. ¿Qué quiero decirle a Jesús resucitado en esta Pascua? ¿Qué es lo que necesito de la vida, para mi vida, para mi historia de hoy?

Seguramente, muchos tienen más ideas, relacionadas con la propia tradición familiar...


¡¡¡A CELEBRAR A CONTAGIARNOS LA ALEGRÍA DE LA VIDA QUE SE HACE PLENA POR EL MISTERIO DE LA PASCUA!!!

 

   Que no nos gane el apuro o la rutina... Detengamos el tiempo para celebrar el misterio que está más allá de todo tiempo...

Son fiestas Pascuales,
Son fiestas de la Vida,
Es el Misterio de la Eternidad presente en nuestras historias...
Es Jesús resucitado que sale a nuestro encuentro y quiere festejar su vida con nosotros!!!

Saludos Pascuales.

   El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

   Como María Magdalena, “cuando todavía estaba oscuro” hemos venido a visitar el sepulcro del Señor.

   SÍ, en pocas semanas un virus sembró el mundo de sepulcros, todavía con los ojos nublados por las lágrimas hemos venido a buscar el cuerpo del Señor que nos ha salido al encuentro como el Señor Resucitado.

   Durante este Triduo Pascual que hemos vivido de un modo diferente al cual no estamos acostumbrados, pero si muy intenso, hemos podido experimentar el dolor y la cruz abriéndonos a la solidaridad con todos los que sufren.

   “y vio la losa quitada del sepulcro” 

                                                           

   Al mover la piedra, el rey del mundo derrotado, comienza el tiempo de Cristo, el Rey de Reyes, el Señor de Señores.

   Es por eso que quiero compartir con ustedes una historia:

   Los niños de un colegio representaban la Pasión del Señor. Los padres del pequeño Mateo recogieron a su hijo al final de la obra y le dijeron que le habían dado el papel menos importante.

   Oh no, dijo el niño, yo he sido la piedra que deja salir a Jesús Resucitado.

   La piedra movida por el amor de Dios hace que Cristo resucite y siga viviendo en medio de nosotros. La piedra movida somos cada uno de nosotros, que nos ponernos en múltiples movimientos solidarios en este tiempo que nos toca vivir. Somos convocados a ejercer el misterio de la esperanza, decimos al Hijo Jesús: “tú eres refugio de mi vida” y llenos del Espíritu cantamos  alabando a Dios, que ha cambiado y cambiará nuestro luto en danzas y todos tendremos un “final feliz”.

   Hoy SÍ sabemos que Cristo ha resucitado, que Cristo vive,

   Pascua es tiempo de alegría, tiempo de victoria. Cristo ha resucitado. Cristo vive. Aleluya. Esta mañana de domingo de Pascua, ensanchamos el corazón lleno de gozo y dando gracias al Padre que nos ha salvado de la muerte.

   La Resurrección acontecimiento que fue experimentada no por los corazones de piedra sino por los corazones de carne. María Magdalena, recibió de Jesús la misión de comunicárselo a  los apóstoles. Y la misión continúa.

   Cristo Resucitado es el corazón de la fe cristiana, es el mensaje total de la Iglesia.

  Misión que no tiene como objetivo hacer clientes de una asociación sino hacer creyentes que amen y confíen sólo en Jesucristo. Cristo Resucitado no es una fórmula más. Es un misterio, un no saber, una esperanza de que Dios siempre hace justicia a los suyos.

   El amor de Dios resucitó a su hijo y nos resucitará a nosotros sus hijos.

 Saludémonos con el grito gozoso de la Pascua:

Cristo ha resucitado.

Verdaderamente ha resucitado.

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